¿Sabéis a qué otro político tengo entre ceja y ceja? Se llama Antonio Salinas, ¿os suena?

Lo reconoceréis por su inconfundible hipocresía. Obedece con complacencia las directrices de sus superiores, a quienes adula y corteja, y lo único que pide a cambio es algún puestecillo que le proporcione notoriedad pública.

Critica las desigualdades económicas, defiende a los humildes trabajadores cuando aparece una cámara o un micrófono, pero cuando se planta sus ostentosas gafas de sol y atraviesa el centro de la capital al volante de su supercoche de lujo, parece un terrateniente de pueblo con ganas de fardar.

Su fariseísmo alcanzó la cota más alta durante su etapa como secretario provincial de Medio Ambiente y presidente del Patronato del Parque Nacional de Cabañeros. Sí, amigos, Salinas es un auténtico defensor de la biodiversidad, de las plantas y los animales…

Bueno, no de todos los animales, porque a la vez que ejercía de protector de la fauna desde estos dos cargos, presidía también la Comisión Taurina del PSOE regional, y ahí se cambiaba la camisa para aplaudir la fiesta nacional y criticar a los antitaurinos.

Todo un personaje. Y éste también anduvo conspirando en los inicios de CRDiario. Sí, sí.