Un alcalde amenaza con no comer hasta que le paguen el dinero que le deben, pero a los dos o tres días deja la huelga de hambre sin haber olido un duro.

Otro alcalde se envalentona y se compromete a acompañar al anterior alcalde en su huelga de hambre, y en cuanto el otro la deja, a él le falta tiempo para zamparse un bocadillo.

Un grupo de alcaldes se encierran cual chiquillos en la sede de la Junta de Ciudad Real, se hacen unas fotos y enseñan unos sacos de dormir, pero a las pocas horas salen tan panchos del lugar del encierro con gesto triunfal. Eso sí, sin oler un duro.

Lo dicho, una pantomima.